Viernes Santo

Este día es el de mayor recogimiento pues queda consumada la pasión de Jesucristo en su sacrificio redentor. Es un día de luto, de conmemoración y de veneración, y el pueblo de Lima, siguiendo tradiciones virreinales, rememora la Pasión con antiguos rituales y sentidas procesiones.

Como en todo el orbe católico, desde el mediodía se celebra en los templos el oficio del sermón de las siete palabras, también conocido con “sermón de las tres horas” donde se reflexiona sobre cada una de las palabras que pronunció Cristo en la Cruz. Como se sabe, este sermón adoptado por la iglesia universal surgió en Lima durante el siglo XVII por el venerable jesuita Francisco del Castillo.

Por la tarde se llevan a cabo en el Centro Histórico de Lima dos solemnes procesiones, ambas ligadas a los orígenes de la Semana Santa de Lima y parte inseparable de su historia:

PROCESIÓN DEL SANTO SEPULCRO:

Esta solemne procesión se encuentra a cargo de la antiquísima ARCHICOFRADÍA DE LA VERACRUZ , fundada nada menos que por el Marqués Don Francisco Pizarro el año de 1540 y que fuera integrada por los más ilustres conquistadores y vecinos de la naciente ciudad. La Archicofradía es poseedora de una preciosa reliquia que le da el nombre: el “Lignum Crucis” o astilla de la verdadera Cruz (refrendada por bula papal) que dentro de un precioso relicario de plata preside la procesión.

El punto de salida de esta procesión es la BASÍLICA DE LA VERACRUZ, capilla situada al lado del convento dominico, compartiendo el atrio.

El cortejo está conformado por tres andas: LA CRUZ DE GUÍA, que representa al Santo Madero con un paño blanco plegado sobre ella (por haber sido ya retirado el cuerpo de Jesús); va sobre una sencilla anda con adornos barrocos entre cirios rojos y flores.

En segundo lugar, EL SEÑOR DEL SANTO SEPULCRO. Se trata de una imagen yacente de Cristo, que se inspira en el estilo sevillano del siglo XVII y va dentro de una preciosa urna de madera dorada y cristal muy vistosa. Está adornada con dolientes ángeles es sus esquinas y coronándola van dos querubines sosteniendo la corona de espinas.

Finalmente cierra el cortejo LA VIRGEN DE LOS DOLORES DE LA VERACRUZ, antigua imagen de vestir (cara y manos talladas) traída de España en el siglo XVI. Va ricamente vestida de paño bordado con hilos de oro y tocada con una diadema dorada con piedras finas en la cabeza. En su anda destacan una bella Cruz situada detrás de la Virgen y una gran cantidad de cirios blancos delante de la imagen, que le confieren gran vistosidad.

La procesión recorre el perímetro de la Plaza Mayor de Lima, antes de retornar a su templo.

PROCESIÓN DEL SANTO ENTIERRO Y DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD:

En el solemne y doloroso Viernes Santo, la segunda procesión está a cargo de la “Muy antigua, ilustre, venerable y sacramental cofradía de Nuestra Señora de la Soledad”, cuyo Santuario se encuentra ubicado en el extenso atrio del gran templo de San Francisco. Fundada en 1571, esta cofradía tiene como titulares al Señor del Santo Entierro y a María Santísima de la Soledad. Durante los siglos XVI al XIX esta solemnísima procesión recorrió las antiguas calles de Lima como parte esencial de las conmemoraciones de Semana Santa. Debido a los avatares de la historia, dejó de procesionar por muchos años, hasta que en 1989, en el marco de la revitalización de la Semana Santa de Lima propiciada por el ilustre Monseñor Antonio Brazzini Diaz-Ufano, se rehabilitó esta ilustre solemnidad.

El año 1993 un terrible incendio se produjo en el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad. Su bellísima imagen del siglo XVII logró ser salvada de las llamas, pero hubo de someterse a un proceso de restauración, al igual que el templo, que hoy en día está en gran parte recuperado gracias al esfuerzo de su bien organizada cofradía.

La ceremonia del Viernes Santo se inicia con el OFICIO DEL DESCENDIMIENTO. Se trata de una ceremonia privada en la cual los miembros de la cofradía, a puerta cerrada, proceden a bajar a Cristo de la Cruz. Se trata de una bellísima imagen articulada, obra del gran escultor Pedro de Noguera, del siglo XVII, y es en su género, una de las más valiosas esculturas de Lima. En un ambiente de semi-penumbra y en medio de música sacra, la preciosa imagen es desclavada de la Cruz, colocada en forma horizontal sobre un lecho con sus brazos pegados al cuerpo, y ungida con esencias. Finalmente es colocada en su hermosa anda de estilo sevillano, conformada por una plataforma descubierta y elevada que permite admirar la talla de Cristo exánime, rodeada de artísticos candelabros barrocos. Durante toda esta ceremonia, ya se encuentra en el Santuario, a un lado del altar mayor, Nuestra Señora de la Soledad en su gran anda con palio, arreglada y con las velas encendidas, como participando del doloroso rito.

Terminado el oficio, al promediar las 5.30 p.m. se abren las puertas del Santuario y sale primero el anda del SEÑOR DEL SANTO ENTIERRO O CRISTO DEL DESCENDIMIENTO (como recientemente también es conocido). El numeroso e impresionante cortejo va tomando sus posiciones y está integrado por diversos personajes: presidiéndolo todo la cruz alta flanqueada de cirios; luego una doble hilera de penitentes, que van descalzos y usando los capirotes negros a la usanza de Sevilla, y los hermanos de la Cofradía de la Soledad con sus hábitos blancos con negro.

Cerrando el cortejo va la hermosa imagen de NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD, que pese a la restauración que sufrió en su bello rostro, conserva parte de su expresión y belleza: la mirada perdida en el horizonte por el sufrimiento y las manos en doliente actitud. Va espléndidamente ataviada con larguísima capa de terciopelo negro bordada con motivos barrocos en hilos de oro. Su anda en la más larga de Lima, coronada por un impresionante palio con varales de plata y terciopelo bordado en oro con finos calados y borlas; y se adorna con numerosos cirios que forman una iluminada barrera por el frente. Es acompañada de damas que la escoltan en doble hilera, vestidas de riguroso luto y tocadas de peinetas altas y mantillas de encaje al estilo español.

Es interesante señalar que al interior del Santuario existen dos pinturas de gran formato, muy antiguas, que representan las procesiones de Viernes Santo en el siglo XVII; tienen un valor excepcional desde el punto de vista documental, pues nos permiten conocer cómo fueron originalmente las solemnidades de este día en la Lima Virreinal.